El
libro nunca leído escrito por nadie
estaba impreso solamente; no asentaba fecha ni editorial responsable.
“Como casi todos, este libro habla de un hombre y de una mujer”, decía, por
toda introducción, el autor, que firmaba Kov.
Lola
esperó la madrugada, cumpliendo con las formalidades: sonrió, sedujo, escuchó,
escapó, comentó algunas cosas, como siempre, y como siempre esperó el chispazo.
Hubo lucecitas e intentó avivar rescoldos, con mediano éxito. Sí, un sabor, la
sospecha de una luz inmensa, el temor de que, al fin y al cabo, eso era todo.
Íntimamente ansió el regreso; le esperaban sus paredes eventuales, su perro,
sus movimientos mecánicos confortables y esa lumbre hipnótica que se abría como
un pájaro en la página 67. Se llamaba El libro nunca leído escrito por nadie,
lo firmaba Kov y la atormentaba desde hacía cuatro días.
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