sábado, 3 de febrero de 2018


El libro nunca leído escrito por nadie  estaba impreso solamente; no asentaba fecha ni editorial responsable. “Como casi todos, este libro habla de un hombre y de una mujer”, decía, por toda introducción, el autor, que firmaba Kov.
Lola esperó la madrugada, cumpliendo con las formalidades: sonrió, sedujo, escuchó, escapó, comentó algunas cosas, como siempre, y como siempre esperó el chispazo. Hubo lucecitas e intentó avivar rescoldos, con mediano éxito. Sí, un sabor, la sospecha de una luz inmensa, el temor de que, al fin y al cabo, eso era todo. Íntimamente ansió el regreso; le esperaban sus paredes eventuales, su perro, sus movimientos mecánicos confortables y esa lumbre hipnótica que se abría como un pájaro en la página 67. Se llamaba El libro nunca leído escrito por nadie, lo firmaba Kov y la atormentaba desde hacía cuatro días.

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